domingo, 25 de noviembre de 2012

El regalo de los animales

Un día  los animales se reunieron, decidieron darle a uno de sus semejantes algún regalo, pues lo veían tan pobre y tan débil que solo querían verlo mas fuerte. Llamaron pues al "Gran artesano" él les dijo que no le quedaban garras, las colas estaban agotadas, pezuñas ni hablar, alas no podía  por su fisonomía  y hablar de colmillos en una boca tan pequeña seria tonto. Angustiados, los animales pensaban, pues todos se querían  y deseaban dar un regalo a su amigo, fue entonces cuando el artesano les dijo: Ofrezco un regalo, pero jamas lo he puesto a prueba. Los animales felices, pidieron se le entregara, y tomaron a ese animal y en un soplo del viento, desapareció para volverse uno nuevo, abrió los ojos, y pronuncio lo siguiente:

Aparecí, carente de garras y alas
estoy aquí, deseando nada
mi condena, vivir entre ayer y mañana
me ahogo, no logro armar mi dharma

Amigos, les agradezco el regalo
ese que le hicieron, al yo de un antepasado
ahora, me siento feliz y triste también
estoy perdido en lo que fui y lo que seré

Artesano, tu regalo es de doble filo
una espada que defiende,
pero que si muevo me corta el cinto

Artesano, me hiciste el peor regalo
ahora soy como tu, y a crear estoy destinado
la diferencia, tu estas feliz en acto
y yo, construyendo, en potencia me he desarmado.

El artesano, como se creía perfecto, le echo la culpa a los animales, por su imbunche mal hecho, pagaron pues los creados con su carne, su sangre seria esclava del imperfecto ser de las profundidades, y ellos, sabios animales, quisieron darle una lección al creador y también ayudar a su triste amigo, con su vida, con su enseñanza, con sus verdades. Y así fue, el animal triste, vagó solo por la celeste tierra, anhelando deseando ser feliz y culpando a otro por sus calamidades, encontrando aveces si era sabio, respuesta en sus amigos animales, otros aun creyendole al artesano, se desquitaban con sus hermanos angelicales.
Un hombre sabio, que casi alcanzo lo que por naturaleza le fue negado, entro en un éxtasis cuando pronuncio esto que pidió anotaran en su epitafio, una carta, que dejó a los pies de su tumba, cuando murió repentinamente, quizás celado por el "señor artista".

Amigos míos, hermanos queridos
entregan su corta vida para dejar una huella enorme
amigos míos, soy yo quien debe mirar sus pies adoloridos.
Hermanos, somos creados con la misma sangre
impriman en mi su salvaje espíritu indomable
entréguenme por un minuto su naturaleza perfecta
y compartamos su felicidad, llevemosla a acuestas.
Hermanos, yo se que darían su vida,
yo se que no les costaría, 
ustedes son un regalo, son un bien preciado,
algunos somos tontos, y nos damos cuenta cuando viejos
amigos animales, me arrodillo, les doy mis respetos.

Un hombre, que descubrió el amor sincero por nuestros hermanos menores, yacía muerto, helado, pero con un semblante envidiable, fue enterrado, y en el cementerio a media tarde, llegó su perro para esperarlo, el cual no lloraba, solo esperaba su turno para caminar por el mismo campo y ser felices, ser iguales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario