un científico ideó humilde su mundo.
le puso una pisca de método,
y unas cucharadas de rigor,
mas, se le olvido agregar más de una razón a esa creación .
Lo cocinó, a fuego lento, en su mirada,
el mundo ardía, brillaba, era precioso.
Mas cuando estuvo listo, y quiso con él conversar,
el amanecer fue noche, y la noche, oscura a su pesar.
Ambos al amanecer, lejos uno del otro,
uno de día, otro en su ocaso tormentoso.
Imaginando que conversaban, de alguna cosa interesante,
el mundo le decía, ingenuo, al señor "pensante"
Soy una idea, en tu cabeza que no se objetiva,
aquí estoy, lejos, tal vez, en una jaula.
De hierro dijo su creador, y te quiero arrancar,
traerte a mi mundo, conocerte, de verdad.
Luego, en un momento, se miraron en el vació,
se preguntaron desde lejos, y aun mirando el vidrio.
Casi vomitando, de anhelo por ver sus ojos,
el señor miro el té que flotaba en su mundo,
y el mundo, el café, el que tomaba como Kant- invariable.
- El vahído en tu consulta, es temblor en mi cabeza
dijo el mundo, girando sin un claro sentido, con un eje "rotativo".
a lo que el científico respondió, más que dolido:
- Tu silencio me Ahoga, me desprende de mi suelo fundante -
y se quedo callado, arraigado, tranquilo, tal vez solo para conservar ese ultimo suspiro.
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