¿Que pasó? ¿Cuando sucedió esto?... preguntas que nos acompañan en el crepúsculo del hombre.
Un día como cualquier otro, caminando a mi casa, vi entre los sauces, los rayos del sol, días como tantos otros, de una tristeza que se esboza en un caminar lento y meditativo, es entonces que advierto algo extrañísimo, un padre le decía a su hijo "los hombres no lloran", rápidamente lo tomo de su mano y lo llevo caminando, mientras el niño ocultaba su cara para no mostrarse "débil". Pensando aquel cotidiano suceso, continué mi camino entre los sauces, esta vez, más triste, más lento, luego, un perro me miro, y me dijo de cierta manera ¿te acompaño?, fue extraño, pero asentí, luego caminamos.
El mejor amigo del hombre, un extraño concepto se apodero de mi mente mientras el animal caminaba junto a mí, el recuerdo del niño me hizo pensar lo siguiente... ¿qué sucedió?, el cambio de mentalidad dije, y me sentí un poco más ágil. El niño, desde pequeño debe ser un animal, la cultura lo oprime, esta modernidad apabullante nos obliga a olvidar un rasgo más humano que el mismo hecho de caminar, el sentir. Triste, llorando, sintiendo, caminando, el hombre debe con una voluntad dominante, adormecer al individuo, para volverse jefe de manada, mientras otros lo miran crecer, se apilan bajo sus pies, los estadios de Maslow, condicionado como el perro de Pablov, a responder como un metal, que bajo presión, vuelve a ser un sujeto Epistémico.
Triste, y no solo por aquel día, sino triste por nosotros, y ese perro, me continuaba siguiendo, cuando le quise hacer cariño grande fue mi sorpresa, él también aprendió que somos animales, asustado quizás por esa voluntad que alguien imprimió en su esencia, creyó que mi saludo era un golpe, triste.
Pensé mucho, la esencia de nosotros, la esencia de un animal, el hombre como algo general. Un método nos metió en un agujero donde el sentimiento no tubo cabida, donde el hombre completo se volvió parte de una estructura apriori, donde nosotros somos, bueno, somos lo que nos hacen creer... seguí caminando, me fije entonces que habían podado una parte del camino, que pena, mis amados sauces.
Finalmente y más ágil, cruzo los sauces, y ellos me entregan luz, el niño siguió su camino, el perro también el suyo, yo me fui directo a mi casa, sin embargo, siento que algo no está bien, dentro de este "gran olvido"... se nos perdió el hombre...
usas mucho la palabra extraño
ResponderEliminartiene su sentido, no me gusta repetir las palabras pero ésta es necesaria en el contexto.
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